Toda sociedad es dinámica y esta en permanente cambio. Conforme a los datos arrojados por los últimos censos, vemos como nuestros campos se han desocupado y como nuestra sociedad se ha vuelto casi totalmente urbana, hecho que se refleja en el crecimiento desmesurado de nuestras ciudades.
La educación es generadora de movilidad social, ayuda a las personas a incrementar sus ingresos, a relacionarse mejor, a hacerse más competitivos, a tener acceso a mayores y mejores conocimientos, a seleccionar mejorar los sitios que frecuenta, a sus amistades y a conocer y comprender con amplitud el mundo.
Es un hecho real que la educación cambia a las personas, que las enriquece y les permite tener la capacidad de disfrutar el mundo. También es un hecho real que toda persona que se educa, se convierte en mejor ser humano y se catapulta a mejores condiciones de vida.
La educación dinamiza la movilidad social y hace que personas que nacieron y se formaron en el campo o en la ciudad en condiciones de pobreza, con limitaciones, carencias y dificultades, puedan ascender dentro de la pirámide de estructura social.
La discriminación es tan grande a que a las instituciones educativas de carácter público se les denomina escuelas, mientras que a las privadas se les llama colegios, liceos, o Institutos. Es triste que hoy existan colegios y universidades para pobres, colegios y universidades para personas no tan pobres y colegios y universidades para personas con buena capacidad económica. Duele tener que aceptar que los seres humanos valemos no por lo que somos, sino por lo que tenemos.
Es una realidad social que los estratos mas bajos tienen menos posibilidad de acceder a educación de calidad.
Pese a que la educación es causa de movilidad social, existe cierta contradicción cuando analizamos que hoy cada vez mas individuos se ven y sienten “en un mundo” donde “todo el mundo” es cada vez más estudiado, más preparado, mas capacitado, no es fácil ubicarse laboralmente y muchas personas se encuentran con que estudiaron solo para alcanzar un status de profesional, pero que por sí mismos deben garantizarse su propio empleo y en muchos casos estamos frente a una generación de “varados títulados”.
Autor: Jean Carlos Zephair


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